Zarzuela e Hispanidad

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Parte I

Breve historia del género en España.

                                                                                                                      Por Ignacio Torrontegui                                                                                                                                                                                 

Si nos preguntáramos, qué actividad cultural de carácter musical resulta ser la más representativa de la Hispanidad y sus valores, sólo podemos concluir que lo es la zarzuela. Durante su larga historia, la zarzuela ha encarnado las características de cada uno de los pueblos que constituyen España y ha dejado a la vista lo mucho que les une. Así mismo, ha permitido estrechar en un fuerte abrazo artístico a Hispanoamérica, haciendo evidente la mirada común existente sobre la esencia de lo humano y los eternos y permanentes conflictos de los hombres, el amor, el despecho, el honor, la lealtad, la fe y los valores inmanentes, sirviendo además de importante factor aglutinante de sociedades que comparten ideales y formas de relacionarse, que resultan ser, en definitiva, mucho más parecidas de lo que se suele confesar. 

La historia de la zarzuela se sumerge en el tiempo a casi 400 años de profundidad. Nace a mediados del siglo XVII con una representación del autor Lope de Vega, considerada el primer antecedente documentado de una zarzuela: “El Jardín de Falerina”, comedia en dos actos y con abundante música, estrenada en el año 1648. El inmortal autor español se refería al género como: «cosa nueva en España».  También entre sus iniciadores se encuentra otro portento de las letras castellanas del Siglo de Oro, Pedro Calderón de La Barca, quién habría sido el primero en adoptar concretamente el nombre zarzuela para una obra suya: El Golfo de las Sirenas, estrenada en 1657. 

Su lugar de nacimiento fue en unos campos llamados “La Zarzuela”, destinados a la caza por el rey Fernando IV, gran amante de las representaciones teatrales y musicales. La voz zarzuela es toponímica, ya que en el lugar existían muchísimas “zarzas”, sustantivo que, en singular y acompañado del diminutivo “uela”, la conforman. 

Con la llegada de los Borbones a comienzos del siglo XVIII, la moda italiana se impuso en todas las manifestaciones del arte, incluida la música y la danza, convirtiéndose las zarzuelas en obras estilísticamente parecidas a las óperas italianas, llegando al sumun esta moda con el rey Fernando VI. Compañías procedentes de Italia con algunos de los mejores cantantes de la época visitaron España, como es el caso del famoso Farinelli, “IL Castrati”, quién poseía unas fabulosas y particulares condiciones vocales.

Posteriormente, ya bajo el reinado de Carlos III, quién detestaba lo italiano en general, desapareció súbitamente el interés de las clases altas por la ópera, llegando a ser prohibida entre los años 1777 y 1787.

Pero el verdadero resurgimiento de la zarzuela se vino a producir recién en el siglo XIX, impulsado por un conjunto de jóvenes compositores españoles, encabezados por Francisco Asenjo Barbieri (1823-94), quienes fundaron el moderno género de la zarzuela. Barbieri, además, contribuyó a la fundación del actual Teatro de la Zarzuela de Madrid en 1856. Se afincaba ya la zarzuela como “el género lírico-dramático nacional”.

La estructura de la obra siguió siendo la misma: números hablados, cantados, coros, que se aderezan con escenas cómicas o de contenido amoroso que, generalmente, son interpretadas por un dúo. Abundaba el género costumbrista y regionalista y en los libretos se recogía toda clase de modismos, regionalismos y jerga popular para asegurar que la interpretación fuera un éxito. Prosperaron las composiciones de zarzuelas en un acto, conocidas como género chico. La idea era abaratar las presentaciones y hacerlas más asequibles al público popular. Federico Chueca (1846-1908) fue un destacado exponente de este género y su La Gran Vía (1886) sigue siendo una de las obras más frecuentemente interpretadas de la época. El punto más alto del género chico se alcanzó, sin embargo, con Tomás Bretón (1850-1923) y su La verbena de la Paloma (1894), que ha disfrutado de una incesante popularidad. Se le denominada a esta modalidad, teatro por horas, ya que se realizaban hasta cinco representaciones en una sola tarde. A las zarzuelas más extensas, de dos o tres actos, se les siguió considerando género grande.

Ya a comienzos del siglo XX se componen numerosísimas obras, si bien de gusto popular, de muy superior calidad musical, como son los casos de El Manojo de rosas, Doña Francisquita de Amadeo VivesGigantes y Cabezudos del maestro Manuel Fernández Caballero. La zarzuela fue respaldada en esos tiempos con trabajos de grandes autores, como lo fueron Pablo Sorozábal, Federico Moreno Torroba y Jacinto Guerrero, entre muchos otros.

La Guerra Civil constituye un gran paréntesis que agrava la situación del género, no componiéndose sino un ínfimo número de ellas en los siguientes años, cayendo así en seria decadencia. No existen apenas nuevos autores de este género y no se renuevan las obras ya producidas hasta entonces.

Resulta impresionante pensar que se han compuesto entre 10.000 a 12.000 zarzuelas desde que naciera el género, hace ya casi cuatro siglos, en los pabellones de caza del rey Fernando IV.  De esta cantidad de obras, sólo de aproximadamente 2.500 se conservan las partituras y el texto; de 200, las grabaciones de audio y, de solo 60, registros en video. 

En la próxima publicación de nuestra gaceta, analizaremos brevemente la presencia e importante influencia de la zarzuela en Latinoamérica y particularmente en Chile.

(Parte II) 

La Zarzuela en Hispanoamérica y Chile                              

Continuando con la breve reseña histórica iniciada en el anterior número de nuestra Gaceta y según lo anunciamos , corresponde en esta oportunidad tratar sobre la llegada y desarrollo de la Zarzuela en Hispanoamérica y particularmente en Chile. 

Un arte tan popular y propio tenía que cruzar el Atlántico y se ha ramificado no solo en América del Sur sino también en el norte, ya que, aunque parezca increíble, se encuentran zarzuelas  traducidas al idioma inglés.

La zarzuela en América Latina llegó como consecuencia natural  de la colonización europea y fue conocida en América antes del siglo XIX. Hay quienes dicen que estas obras no corresponden exactamente a lo que entendemos por zarzuela hoy en día, sino que pertenecerían a otros géneros teatrales- musicales,  que le sirvieron de abono a su posterior expansión. En efecto, durante los siglos XVIII y a principios del XX, eran habituales las representaciones de espectáculos teatrales, muchas veces mezclados en su naturaleza, como son las seguidillas, sainetes, tonadillas, todo lo cual fue generando un cierto gusto entre el público local, permitiendo luego la entrada triunfal de la zarzuela, en sus dos categorías, género grande y género breve o chico. Adelantándonos al tratamiento de este asunto en posteriores publicaciones, solo hacemos presente que estas dos calificaciones apuntan principalmente a la duración del espectáculo y no a su calidad musical ni teatral. Tienen diferencias, por cierto, pero ambas poseen los elementos que nos permiten calificarlas de zarzuelas y su diferenciación se debe a la necesidad de crear obras de menos duración por razones más bien económicas, (zarzuelas por horas) , ya que las denominadas como grandes, resultaban  más onerosas de montar y no permitían el número de representaciones diarias que hacía rentable a los empresarios teatrales mantenerlas en cartelera. Las de género breve o chico, son escritas en un solo acto compuesto normalmente por cinco o seis números de música, con menor cantidad de números corales, con pocos personajes, con papeles más bien cómicos, lo que demanda menor virtuosismo vocal y con predominio del texto hablado por sobre el cantado, tratan temáticas más contemporáneas en el tiempo y, en general, más propias de Madrid y su realidad, que la de otras localidades. Ejemplos de obras de este tipo son : La Verbena de la Paloma, Agua, azucarillos y aguardiente, La revoltosa, Doña Francisquita, La Chulapona, La del Soto del Parral o  La rosa del azafrán. 

Bueno, volvamos a lo que queremos tratar en este artículo, que es la historia de la Zarzuela en Hispanoamérica y en Chile.  

Los aficionados, a los dos lados del Atlántico, ya en el siglo XIX y ni que decir a comienzos del XX, estaban al tanto de las obras y compositores que iban tejiendo el éxito del género. No podemos olvidar que la migración española fue cada vez más frecuente y significó que esos migrantes fueran dejando el gusto musical por este tipo de representaciones en sus descendientes en toda Latinoamérica. Quién no ha oído decir en Chile alguna vez a algún nacional: “mi padre o mi abuelo siempre me llevaba a la zarzuela y me encanta esa romanza o ese coro …”

Las compañías  de zarzuela que viajaban al continente eran conscientes de que una parte importante del público estaba conformada por coterráneos, principalmente en los países que ofrecieron una mayor estabilidad para empezar una nueva vida: Cuba, México, Venezuela y Argentina son ejemplos de estos.  Después, a través de ellos se establecieron otras rutas que permitirían a dichas compañías presentarse en otras naciones, como Colombia, Perú, Chile y Uruguay.

Paralelo al éxito que cobró el género y que repercutió en el aumento de representaciones, obras y compañías, a lo largo del siglo se fue gestando entre los creadores americanos la necesidad de componer zarzuelas con motivos locales, de suerte que ambas producciones –españolas y americanas– empezaron a convivir de forma armónica. Aunque cada país aportó características regionales específicas en cuanto a ritmos, instrumentos musicales y personajes, por citar algunos, hubo también elementos generalizados entre ellos, por ejemplo, las plazas urbanas convertidas en escenarios idóneos para estas puestas en escena.

Muchas canciones que pasaron a ser parte del cancionero urbano latinoamericano provienen de alguna zarzuela, como ocurrió con «El cóndor pasa», de Perú o «Alma Llanera» de Venezuela, alrededor de 1913.

Como un dato a tener presente, solo en Cuba se llegaron a componer más de mil zarzuelas, todas ellas basadas en realidades propias que  reflejaban hábitos y costumbres coloniales, pero con los libretos más cadenciosos y tropicales. Mantenían sí , todos los elementos propios que permite considerarlas dentro del género. Es el caso de las famosas Cecilia Valdés o María de la O,  obras que son representadas con alguna frecuencia en los circuitos zarzueleros. Cuba legó autores de la estatura de  Ernesto Lecuona, Gonzalo Roig y Rodrigo Prats. 

El público cubano fue fiel a este tipo de representaciones y el éxito allí fue total, como lo fue también principalmente en Argentina, México, Colombia, Uruguay,  Perú y en nuestro país. Solo como un dato en general desconocido, también tuvo importancia y mucha difusión en Filipinas . No olvidemos que ese país fue colonia Española, al igual que Cuba hasta el año 1898, cuando le fueron arrebatadas a España dichas pertenencias por EEUU. En Filipinas el género tomó vida propia y se le denomina “sarswelas”, caló hondo en el gusto local, tanto que, una vez terminada la presencia de los españoles en la isla, los roles continuaron siendo hechos por lugareños y con bastante éxito. De alguna manera, incluso con posterioridad a 1940, luego de la salida de los americanos del control local, se experimentó un auge como reacción a los años de ocupación. 

En cuanto a los inicios del género en Chile,   podemos decir que Las primeras compañías de zarzuela chilenas fueron fundadas por José Jarques e Isidora Segura, y luego por los españoles Pepe Vila y Joaquín Montero, siendo el primero ícono del género en Chile. La unión de estos dos últimos, se consolidó como una de las más fructíferas para el género. Estos actores y directores fueron algunos de los tantos empresarios y artistas que irrumpieron en la escena nacional provocando un vuelco en los modos escénicos existentes en el país de la época, particularmente entre 1895 1905. 

Algunas zarzuelas creadas en Chile fueron,  El Pasaporte (1865), de Guillermo Blest Gana, Una victoria a tiempo (1880), con música de Eustaquio Guzmán, Ir por lana (1887), de Alfredo Irarrázaval, La Redención de Chile, de Guajardo, Tila (1893) y El amor de un loco (1893) de Francisco Caldara, entre otras que pasaron a formar parte del repertorio nacional.

Por esos años, en Chile existieron al menos 18 teatros en que se representó zarzuela. Parece increíble, pero es cierto,  y ello tanto en Santiago como en otras ciudades, solo por nombrar algunos:  En Santiago, teatros : PEPE VILA  ( Estrenado en 1913 en Avda. Matta con Arturo Prat;  POLITEAMA; SAN MARTÍN,  ubicado en la esquina suroriente de las calles Santo Domingo y Bandera ; SANTA LUCÍA, en la parte alta del Cerro Santa Lucía;  Teatro Variedades; TEATRO SANTIAGO;  

TEATRO VARIEDADES. En Valparaíso, los teatros: APOLO; NACIONAL o TEATRO DEL CIRCO NACIONAL; LA VICTORIA; ODEÓN ,  TEATRO ALHAMBRA, entre otros. 

Hoy el género se encuentra decaído, digamos agónico en nuestro país. De ahí la importancia y necesidad de retomarlo, conocer de él , difundirlo y rescatarlo, ya que además de constituir una maravillosa creación musical y teatral que es distinta a cualquier otra en el mundo, posee todos los elementos que nos resultan propios a quienes compartimos una historia común, una forma de ver la vida y unos valores inmanentes, como lo son los de la Hispanidad y su cultura.

En la próxima publicación, trataremos aspectos teatrales y musicales propios de la zarzuela y sus parecidos y diferencias con otros géneros líricos, como la ópera o la opereta.  

COLABORADORES