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La imagen que acompaña al texto del logo que identifica a nuestra Asociación de Instituciones Españolas de Chile (A.I.E.CH.) es el monumento a don Pedro de Valdivia, ubicado en la Plaza de Armas de Santiago de Chile.

Con ocasión de conmemorarse en el año 1960, el aniversario 150 de la Primera Junta de Gobierno de Chile, fecha generalmente identificada con la Independencia Nacional, la Colectividad Española residente en nuestro país, tal como lo había realizado para el Centenario de 1910, consideró justo y necesario manifestar su gratitud a esta nueva y fecunda tierra, que con tanta generosidad ha recibido a tantos miles de hijos de su Madre Patria, antes y después de su mutua desvinculación política y administrativa, con un obsequio digno de tan magno acontecimiento.

Habiéndose organizado los españoles y sus descendientes, comunitariamente, en la Asociación de Instituciones Españolas de Chile, fundada el 26 de julio de 1958, tras un congreso nacional que reunió a 37 de sus más importantes entidades, convocado por iniciativa del destacado hombre público e hijo de españoles, Rafael de la Presa Casanueva, en ese momento vicepresidente de la Cámara de Diputados de la República y presidente del Círculo Español de Santiago, e inmortal artífice de la Reforma Constitucional de 1957, que hizo posible la firma del Convenio de Doble Nacionalidad entre Chile y España, se determinó que fuera esa nueva organización, la que en nombre y en representación de la Colectividad Española residente, se hiciera cargo de coordinar los esfuerzos conducentes a lograr plasmar, en una obra concreta, los sentimientos de hermandad y reconocimiento profesados con tanto cariño y admiración al pueblo chileno.

En la compleja tarea de comenzar a recaudar fondos, recibió un gran apoyo de una comisión de connotados dirigentes y ex – presidentes del Círculo Español. Se plantearon numerosas propuestas sobre la mejor forma de homenajear a Chile.

Finalmente se optó por erigir una gran estatua al primer Gobernador de la Capitanía General de Chile, don Pedro de Valdivia, considerado como el auténtico padre fundador de la nueva Nacionalidad chilena, es decir, del crisol de nuestra raza mestiza, constituida por la unión de los pueblos originarios y de los venidos desde la vertiente hispánica de la Península Ibérica, quien era y significaba, según las palabras del historiador Jaime Eyzaguirre Gutiérrez: “Mezcla de caballero medieval y de sagaz político del Renacimiento… sobresale en la conquista de América por la serenidad de su espíritu, el temple de su voluntad, la alta visión orientadora de sus pasos y el sentido jurídico y constructivo de su obra”.

El proyecto fue inmediatamente apoyado por el embajador de España en Chile, Rafael Suñer y Ferrer, quien se contactó para plasmarlo, con todo el valor y esplendor artístico que merecía, con el afamado y premiado escultor extremeño Enrique Pérez Comendador, gran exponente de la Escuela sevillana de escultura.

Enrique Pérez Comendador era uno de los artistas que más se habían preocupado de reflejar tridimensionalmente la imagen de los conquistadores españoles, ocupando un lugar muy destacado entre ellos, la propia figura del capitán Pedro de Valdivia, de quien ya había confeccionado un busto de medio cuerpo en 1947, a petición de la Diputación Provincial de Badajoz. Concibió su nuevo desafío plástico de acuerdo a los cánones academicistas más clásicos, inspirándose en distintas fuentes también bastante idílicas, ya que debe tenerse presente que de don Pedro no hay imagen contemporánea alguna, salvo descripciones posteriores de su fisonomía, tales como la del soldado y cronista Alonso de Góngora Marmolejo, quien lo describió así: “…de buena estatura, de rostro alegre; la cabeza grande, conforme al cuerpo, que se había hecho gordo, espaldudo, ancho de pecho…”. El encargo de la Asociación de Instituciones Españolas de Chile le llegó al maestro Pérez Comendador a finales de 1959, el 4 de diciembre, para ser exactos, y solamente contaría con unos cuantos meses, de ocho a nueve, para concluirlo. Era un enorme reto.

Al iniciarse el año 1960, la Comisión Pro-monumento a don Pedro de Valdivia, presidida por Casiano Martínez Dávila (quien sería el segundo presidente de A.I.E.CH.), estaba plenamente abocada a conseguir el dinero requerido para financiar la estatua, la cual Enrique Pérez Comendador había comenzado a modelar en España, pieza a pieza, primero en barro y luego en escayola. La siguiente etapa era lograr que los respectivos moldes seccionales pasarán a cobrar forma definitiva en el noble metal. Con este fin, el maestro recurrió a uno de sus más aventajados alumnos en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, el segoviano Eduardo Capa Sacristán, quien había logrado montar una pequeña fundición artesanal en su pueblo natal de Coca, contando con la colaboración del joven vecino José Murciego González, integrante de una talentosa familia de artesanos de origen leonés, quien demostraría rápidamente un don casi innato en él nada fácil arte de la fundición escultórica tradicional a la cera perdida.

Mientras la obra avanzaba en tierras hispanas, en Chile los terribles terremotos del 21 y 22 de mayo de 1960, destruyen ciudades enteras en el sur del país, provocando centenares de muertos y daños materiales inconmensurables. La Colectividad Española residente recaudó mucho dinero en efectivo y más de cien bultos de ropa, para los cientos de miles de afectados. Por su parte, España envió un avión con medicamentos y otros elementos de primera necesidad, donó una importante suma de dinero, y conformó una Junta de Socorro Pro-damnificados de Chile, integrada por muy ilustres personalidades de primer orden del quehacer hispano.

Las prioridades habían cambiado y el cumplimiento del plazo original para la entrega del monumento perdió su sentido de urgencia. Muchas familias de inmigrantes españoles lo habían perdido todo o casi todo en el cataclismo, especialmente en Valdivia, Concepción y sus alrededores. La economía nacional se resintió severamente. En Coca, los moldes de las secciones del enorme monumento (de casi 5 metros de altura, 4,8, para ser exactos), comenzaron a pasar al soporte en cera y de allí al fuego, para adquirir su forma definitiva, al ser vaciado el metal líquido en dichas piezas, destacando entre ellas, la cabeza del caballo y el busto del jinete.

En consideración a la gran tragedia acaecida al pueblo chileno, el Ejército español tomó la decisión de contribuir con el bronce requerido, el cual provino de dos antiguos cañones “victoriosos”, empleados en las antiguas campañas africanas. En 1961 la Fundición Capa se trasladó a la localidad de Arganda del Rey, situada a 22 km. de Madrid. En esas nuevas instalaciones, las que perduran hasta hoy, se continuó fundiendo las piezas que faltaban, y se inició el ensamblaje del conjunto estatuario. Una vez finalizado el montaje de todas y cada una de las partes, el día 15 de noviembre de ese año, se realizó en el patio del Palacio de Buenavista en Madrid, sede del Ministerio del Ejército, una ceremonia solemne de entrega de la imagen ecuestre de don Pedro de Valdivia, por parte de España a Chile, representando a nuestro país su embajador, gran hispanista y descendiente de riojanos, Sergio Fernández Larraín.

Transcurridos unos días, el monumento fue desmontado y guardado en ocho grandes cajas, para facilitar el traslado de las casi tres toneladas toneladas que lo componían, utilizando una caravana de camiones militares, hasta el puerto de Tarragona, donde inició su viaje con destino a Chile, a bordo del carguero San Felipe, arribando a Valparaíso el 6 de junio de 1962.

La Ilustre Municipalidad de Santiago invitó a visitar Chile a Enrique Pérez Comendador, con el fin de ratificar el lugar de emplazamiento de su obra, siendo el lugar escogido la escalinata del acceso norte del cerro Santa Lucía, orientada hacia calle Merced, lugar donde se estima fue fundada la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo, por don Pedro de Valdivia, el lejano día 12 de febrero de 1541. El maestro Pérez Comendador fue objeto de numerosos agasajos por la Colectividad Española residente.

El 25 de julio de 1963, Fiesta de Santiago Apóstol, Patrono de las Españas y de la capital de Chile, se inauguró el monumento a don Pedro de Valdivia, con una gran y concurrida ceremonia, encabezada por el Ministro del Interior, doctor Sótero del Río Gundián, en representación del Presidente de la República, Jorge Alessandri Rodríguez; el Alcalde de Santiago, Ramón Álvarez Golsack; el Embajador de España, Tomás Suñer y Ferrer, y el Presidente de la Asociación de Instituciones Españolas de Chile y también del Círculo Español, Casiano Martínez Dávila, junto con numerosos presidentes y directores de las demás Instituciones hispánicas del país. Bendijo la estatua el Cardenal y Arzobispo de Santiago, monseñor Raúl Silva Henríquez. La guardia de honor estuvo a cargo de la 10ª Compañía de Bomberos, la querida Bomba España de Santiago, y rindieron honores militares, el Regimiento Buin y diversos efectivos de la Guarnición Militar de la capital.

En la base de granito que soporta la estatua se instaló una placa con la siguiente inscripción:

“AL FUNDADOR DE LA NACIONALIDAD CHILENA – GRAN CAPITÁN – DON PEDRO DE VALDIVIA – OBSEQUIO A CHILE DE LA COLECTIVIDAD ESPAÑOLA – EN HOMENAJE – AL 150 ANIVERSARIO DE SU INDEPENDENCIA – DÍA DE SANTIAGO APÓSTOL – 25 DE JULIO DE 1963”.

En 1966, por iniciativa del Instituto de Conmemoración Histórica de Chile y con el apoyo de la Colectividad Española residente y de la Embajada de España, la estatua de don Pedro de Valdivia fue trasladada a un lugar de muchísima mayor relevancia, en pleno corazón de la ciudad, a la Plaza de Armas, a seis calles o cuadras de su ubicación original, quedando así situada en su esquina nororiente, frente al edificio consistorial de la Ilustre Municipalidad de Santiago, dando la espalda al kilómetro cero, es decir, como en actitud de salir de dicha Plaza de Armas. Posteriormente, en 1999, por los trabajos de construcción del Metro de Santiago, fue reubicada en la misma locación, pero invirtiendo su sentido, por lo que quedó mirando a la Catedral Metropolitana (poniente), es decir, ahora, como en actitud de ingresar a la misma Plaza de Armas.

En el año 2008, Pepe, el hijo de José Murciego, ayudante técnico de la Fundición Capa, tuvo la oportunidad de visitar Chile para desarrollar un taller y una exposición en el Centro Cultural de España de Santiago. Trajo con él una vieja fotografía que su padre atesoraba en su billetera: una imagen de la estatua de Pedro de Valdivia recién terminada. Preguntó por ella y se dio cuenta de la enorme trascendencia que el monumento poseía, por lo que concluyó: “Lo que tengo claro es que, al igual que es un ícono para el pueblo chileno, para mi padre era un símbolo, porque cambió su vida”. Resultado de su investigación sobre el monumento en que colaboró su padre, fue su obra en formato mural “Perspectiva caballera”, que fue exhibida en el mismo Centro Cultural de España el año 2015.

A través de la información recopilada por el artista y profesor de Bellas Artes Pepe Murciego, pudo ratificarse que la no existencia de riendas en el caballo que monta don Pedro de Valdivia, la cual llama considerablemente la atención del observador, no se debió a un error o a un olvido: “En la metáfora del artista Enrique Pérez Comendador, el robusto caballo sin riendas es Chile, que camina al futuro por su cuenta a partir de la obra del fundador”.

El monumento al fundador don Pedro de Valdivia de la Plaza de Armas de Santiago, en sus casi sesenta años de existencia, ha pasado a ser una referencia obligada y un punto de encuentro de las miles de personas que transitan y visitan el centro neurálgico de la gran urbe capitalina cada día. Y para nosotros, los miembros de la Asociación de Instituciones Españolas de Chile (A.I.E.CH.), orgullosos y muy agradecidos herederos de la gran epopeya de la Inmigración Española, también representa la unión, la concordia y la paz entre nuestros pueblos hermanos chileno y español, es decir, condensa nuestras propias raíces, el pasado común de lengua, cultura y fe, que nos ha dado una identidad y un sentido de pertenencia, el cual se proyecta promisorio en un presente y en un futuro que también podemos construir todos juntos.

Por eso es nuestro sello, porque más allá de representar a un personaje histórico específico, por más importante que este sea, simboliza antes que todo un ideal de permanencia y trascendencia, de nuestra Chilenidad e Hispanidad, de nuestro amor a Chile y a España.

COLABORADORES